A las 3.00 A .M., suena el timbre de la casa; abre la puerta el dueño y al abrir se encuentra con un completo desconocido y borracho diciéndole:
-¿Señor, por favor, me haría el favor de empujarme un poco, que... ?
El señor le interrumpe indignado:
-Pero como se atreve a tocar a mi puerta a las 3 AM? ! Yo a usted ni lo conozco y en tres horas me tengo que levantar para irme a trabajar. ¡Deje de molestarme y váyase de mi casa!
El borracho se disculpa y se va obediente y cabizbajo. El dueño
regresa a su cuarto, muy molesto; se queda insomne y empieza a sentir un poco de remordimiento de conciencia y piensa:
"Y si me hubiera pasado a mi? Si mi coche se quedara tirado en medio de la madrugada y nadie me ayudara a empujarle? Debemos ayudar al prójimo... ¡sabe Dios lo lejos que estará de su casa... ¡ Hay que ser solidario.
Total, que decide salir a buscar al borracho. Abrió su puerta y ya no había nadie, no vio más que el parque de enfrente medio a oscuras, y decidió gritar:
- ¿Donde esta el que necesita que le empujeeeeeeee?
Y en eso se oye a lo lejos al borracho
- ¡Aquiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!... En los columpioooossss!
¿¿¿Qué le pide un cerdo a los reyes magos???
Una wiiiiii, una wiiiii, ¡una wiiiiiiii!
Sale el cirujano del quirófano y llama a los familiares...
- ¡Pod favod, familiadez de Don Damón Dedondo!
- ¡Si! ¡Nosotros!
- Tengo el dolodozo debed de comunicadlez que Don Damón ha muedto.
- ¡No me joda! contesta un familiar.
- ¡No! Ni mejoda ni va a mejodad en la puta vida... ¿No ha oído que eztá muedto?
Tres hombres están desnudos tomando una sauna y, de repente, empieza a sonar un pitido.
El primer hombre, ingeniero de la Universidad Politécnica de París, aprieta su antebrazo y el pitido se detiene. Ante la mirada sorprendida del resto les dice:
- Es mi localizador. Tengo un microchip bajo la piel de mi brazo.
Unos minutos después suena una melodía polifónica y el segundo hombre, licenciado por la Universidad de Harvard, pone el pulgar en la oreja y el meñique en la boca y empieza a hablar.
Cuando acaba se dirige al resto y les dice:
- Es mi teléfono móvil. Lo tengo implantado bajo la piel de la palma de la mano.
El tercer hombre, un comerciante gallego, sintiéndose tecnológicamente desubicado, decide ausentarse un rato y aprovecha para ir al servicio. A los pocos minutos vuelve a la sauna con un pedazo de papel de water colgándole del culo.
Ante la estupefacción de todos los concurrentes se da cuenta y dirigiendose a ellos dice:
- Tranquilos, estoy recibiendo un fax.